La jubilación y la pensión vuelven a marcar el paso de miles de personas que dependen de una ayuda básica para llegar a fin de mes. Esta vez no hay reforma compleja ni letra pequeña escondida: hay una subida clara que ya se empieza a notar en el bolsillo.
La pensión de jubilación no contributiva y la pensión no contributiva en general cruzan por primera vez una barrera simbólica. Superan los 600 € mensuales tras una revalorización del 11,4%, un ajuste que llega después del 9% aplicado el año anterior y que busca aliviar, aunque sea de forma limitada, una situación muy ajustada.
Jubilación y pensión no contributiva en 2026: qué cambia realmente
La jubilación no contributiva alcanza en 2026 una cuantía íntegra anual de 8.803,20 €, lo que se traduce en 628,80 € al mes. Es la cifra más alta registrada hasta ahora para este tipo de pensión, según los datos oficiales publicados. Hasta el cierre de 2025, la cuantía anual era de 7.905,80 €, con pagos mensuales que rondaban los 564–565 €.
También sube el importe mínimo que puede cobrarse cuando la pensión se reconoce en porcentaje reducido. El 25% de la pensión no contributiva pasa a ser de 2.200,80 € al año, es decir, 157,20 € mensuales.
Por qué esta subida no cambia el fondo del problema
Aunque la jubilación y pensión no contributiva mejoran, siguen siendo prestaciones muy alejadas de cualquier referencia salarial. En 2026, el salario mínimo interprofesional se sitúa en 1.184 € mensuales en 14 pagas, o 1.381,33 € si se perciben en 12 mensualidades.
La diferencia es evidente. Incluso con la subida aplicada por el Gobierno de España, estas pensiones apenas cubren gastos básicos y dejan poco margen ante imprevistos. Para muchos beneficiarios, el único alivio real llega en junio y noviembre, cuando se abonan las pagas extraordinarias.
Qué son exactamente las pensiones no contributivas
Las pensiones no contributivas de jubilación e incapacidad están pensadas para personas que no han cotizado lo suficiente como para acceder a una pensión contributiva. El mínimo exigido en el sistema general es de 15 años cotizados, un requisito que muchos no alcanzan por trayectorias laborales irregulares o directamente inexistentes.
Al tener carácter asistencial, su cuantía, revalorización y requisitos se revisan cada año. No dependen de bases de cotización previas, sino del nivel de ingresos y de la situación personal del solicitante. Durante 2025, algunos perceptores de pensión de incapacidad no contributiva ya superaban los 600 € mensuales gracias al complemento por ayuda de otra persona. En cambio, los jubilados no llegaban a esa cifra hasta ahora.
Requisitos clave para acceder a la jubilación no contributiva
Para cobrar una pensión de jubilación no contributiva en 2026 es imprescindible cumplir varias condiciones básicas relacionadas con edad, residencia e ingresos. No hay cambios de fondo en estos criterios, pero conviene tenerlos claros porque cualquier variación puede afectar al derecho a la prestación.
- Tener 65 años o más en la fecha de solicitud
- Residir legalmente en España y haberlo hecho durante al menos 10 años entre los 16 años y la fecha de devengo, con dos años consecutivos inmediatamente anteriores
- No superar el límite de ingresos anuales, fijado en 8.803,20 €
Pensión de incapacidad no contributiva: quién puede cobrarla
La pensión no contributiva por incapacidad sigue un esquema similar, aunque adaptado a situaciones de discapacidad o enfermedad crónica. En este caso, la edad exigida está entre los 18 y los 65 años.
Se requiere un grado de discapacidad igual o superior al 65% y una residencia legal en España de al menos cinco años, dos de ellos inmediatamente anteriores a la solicitud. El límite de ingresos es el mismo que en la jubilación no contributiva.



