Cuando alguien habla hoy de jubilación o de pensión, ya no se refiere a algo estable que “queda como está”. 2026 arranca con cambios claros en pensiones contributivas, no contributivas y en la propia edad de jubilación, y afecta tanto a quienes ya cobran como a quienes están a punto de hacerlo.
El nuevo año no introduce un retoque menor. La pensión de jubilación entra en una fase decisiva del calendario de la Seguridad Social, con ajustes en importes, requisitos y en la forma de calcular cuánto se va a cobrar realmente. Todo queda definido desde los primeros meses del año.
Jubilación y pensión en 2026: qué cambia de verdad
El sistema de jubilaciones y pensiones afronta en 2026 uno de los años más relevantes del periodo de transición iniciado hace más de una década. No es una reforma futura ni un anuncio a largo plazo, los cambios ya tienen fecha y condiciones concretas. El impacto se concentra en tres áreas: cuánto sube la pensión, cuándo se puede acceder a la jubilación ordinaria y cómo se calcula la prestación final. Para muchos hogares, esto supone una diferencia real a final de mes.
La revalorización se aplicará desde enero y afectará a todas las modalidades, aunque no de la misma forma. Aquí es donde empiezan a notarse las mayores diferencias entre tipos de pensión.
Subida de las pensiones en 2026
Las previsiones apuntan a una subida aproximada del 2,7% en las pensiones contributivas. En términos reales, un jubilado medio verá incrementado su ingreso mensual en torno a 40 €, lo que supera los 570 € adicionales a lo largo del año.
El ajuste es mayor en las pensiones más bajas. Las pensiones mínimas subirán cerca de un 7%, reforzando el objetivo de acercarlas progresivamente al umbral de ingresos mínimos. En el caso de las pensiones no contributivas, el incremento previsto alcanza el 11,4% respecto a 2025. Este reparto desigual no es casual. La política de pensiones en 2026 busca proteger a los perfiles con menos recursos, algo que ya se venía aplicando en ejercicios anteriores, aunque ahora con más intensidad.
Nueva edad legal de jubilación
Desde el 1 de enero de 2026, la edad legal de jubilación vuelve a desplazarse. Para quienes no alcancen el nivel mínimo de cotización exigido, la jubilación ordinaria se sitúa en los 66 años y 10 meses. Este límite afecta a los trabajadores que tengan menos de 38 años y 3 meses cotizados. En cambio, quienes sí alcancen o superen ese periodo podrán jubilarse a los 65 años y cobrar el 100% de la pensión, siempre que acumulen al menos 36 años y medio de cotizaciones efectivas.
Conviene tener en cuenta que 2026 es el último año del periodo transitorio. A partir de 2027, la edad ordinaria quedará fijada definitivamente en 67 años, salvo para quienes superen el umbral de cotización, que pasará a 38 años y medio.
Nuevo cálculo de la pensión de jubilación
Uno de los cambios más relevantes, aunque menos visibles, está en la forma de calcular la pensión de jubilación. En 2026 entra plenamente en juego el sistema dual que permite elegir el método más favorable.
El trabajador podrá optar entre dos fórmulas distintas para calcular su pensión:
- Cálculo tradicional basado en los últimos 25 años cotizados
- Nuevo cálculo sobre 29 años, con la posibilidad de descartar los dos peores años de cotización
Este segundo sistema permite eliminar hasta 24 meses con basesmásbajas, algo especialmente útil para carreras laborales irregulares o con periodos de desempleo al final de la vida laboral.
Para los nuevos jubilados de 2026, esta elección puede marcar una diferencia notable en la cuantía final. No es automático: hay que analizar qué fórmula resulta más ventajosa en cada caso.
Un año clave para decidir
La combinación de subida de pensiones, retraso en la edad legal y nuevo sistema de cálculo convierte 2026 en un año decisivo para quienes están cerca de jubilarse. Tomar decisiones sin revisar estos cambios puede suponer perder ingresos a largo plazo.
La jubilación ya no funciona con reglas simples ni iguales para todos. En 2026, entender bien cómo encajan cotizaciones, edad y cálculo será tan importante como haber trabajado los años necesarios. Y eso, aunque no siempre se diga, marca la diferencia entre una pensión ajustada o una claramente mejor.



